Los acuerdos de mediación tienen validez legal, como cualquier contrato que firman dos personas y que les obliga a su cumplimiento en las condiciones que han pactado. Pero además la ley reconoce la posibilidad de reforzar ese valor:

Ante el juzgado: Si es en el seno de un pleito que está en trámite se comunica al juzgado el acuerdo de mediación y el juez entrega un documento de homologación (auto), que pone fin al procedimiento.

Si la mediación se produce en un proceso de familia, iniciado o no, se presenta en el juzgado un convenio regulador para su aprobación por sentencia.

Ante un notario: Cuando el acuerdo se produce en un asunto que no ha llegado al juzgado cabe la posibilidad de homologarlo ante un notario. Estas homologaciones suponen equiparar lo acordado por las partes en mediación a una sentencia judicial (en el primer caso) o a una escritura pública (en el segundo), pudiendo ser ejecutadas directamente por el juzgado si se incumplieran. Para llevar a cabo la elevación a escritura pública del acuerdo de mediación, el notario verificará el cumplimiento de los requisitos exigidos en la ley de mediación y que su contenido no es contrario a Derecho y dicho acuerdo no afecte a menores o incapacitados.