Las personas tendemos a responder a las situaciones conflictivas con un estilo predominante de afrontamiento. Aunque un estilo suele ser el dominante, tenemos la capacidad de variar de estilo ante conflictos distintos y ante un mismo conflicto a medida que se desarrolla.

Entre los diferentes estilos para abordar un conflicto tenemos:

.- Competición: Hay mucha preocupación por los deseos propios, se piensa sólo en uno mismo y no en los demás. La actitud predominante es la competitiva. Las estrategias empleadas son: Oponerse al desacuerdo, persuadir, ser firme, insistir, repetir, controlar, ser inaccesible.

.- Evitación: Evita el conflicto a toda costa, no afronta directamente los problemas, no importa “ni lo que yo deseo” ni “lo que el otro quiere”. Las estrategias son: Retirarse, demorar o evitar la respuesta, desviar la atención, suprimir las emociones.

.- Acomodación: Uno no se preocupa por lo suyo y sólo busca satisfacer los deseos del otro, no confronta, cede y acepta lo que la otra parte quiere. Las estrategias son: Estar de acuerdo, ceder, reconocer los propios errores, darse por vencido, convencerse de que es poco importante, apaciguar.

.- Compromiso: Uno no deja de preocuparse por lo suyo pero también considera lo que el otro quiere. Esfuerzo por llegar al punto medio entre las dos posturas, buscar la forma de repartir, cada uno cede un poco. Las estrategias utilizadas son: Moderación, regatear, partir la diferencia, ceder en algo.

.- Colaboración: Es muy distinto a los otros estilos y poco practicado. Es posible estar interesado por uno mismo y a la vez por el bienestar del otro. No se trata de “repartir el pastel” la colaboración busca una manera de ampliarlo e incrementarlo. Las estrategias utilizadas son: Aceptar las diferencias, analizar los puntos fuertes y débiles de ambos puntos de vista, hacerse valer e invitar a los demás a exponer sus puntos de vista, buscar información.